Tarifas globales 2026: guía práctica para creadores en Colombia
Hace tres años, cuando decidí dejar mi trabajo en finanzas en Birmingham para venirme a Medellín y montar mi estudio de tatuajes, creía que lo difícil sería la técnica. La aguja, la tinta, la piel. Resulta que lo difícil es conseguir que la gente sepa que existes. Que confíen en ti lo suficiente como para dejarte marcarles la piel para siempre. Empecé subiendo fotos a Instagram como quien tira mensajes en botellas al mar. Algunas semanas conseguía tres citas. Otras, cero. Mi cuenta tenía 800 seguidores, la mayoría amigos de la universidad y primos en Reino Unido. El algoritmo no me debía nada, y yo no le debía nada a él. Pero mi alquiler en Laureles sí que exigía pagos puntuales. ...